El Club Premier (Campichuelo 472) tiene más de 85 años en el corazón de Caballito, cuenta con propuestas para toda la familia y tiene un proyecto para el futuro. Conversamos con Tato Cabrera, dirigente de la institución para conocer un poco más sobre su historia y presente.

Caballito Urbano: Para empezar, contanos un poco de la historia del club.

Tato Cabrera: El club se creó en 1938, tiene muchos años, han pasado muchas comisiones directivas. Acá hubo varias generaciones trabajando para hacer este club, que ha ido cambiando con el tiempo porque ha ido acompañando lo que pasa en el país. Esto nació como un espacio creado por un grupo de amigos, era la forma habitual de encarar estas cosas en esos años. El lugar fundamentalmente era para jugar al fútbol. Al principio, usaban las canchas de fútbol que tenía el Parque Centenario y acá funcionaba una sede social. Con el tiempo, alquilaron un terreno que quedaba sobre Aranguren, acá a la vuelta, y ahí hicieron una cancha de básquet. Entonces, el club pasó a ser entre los ´40 y los ´50, más de básquet que futbol. A su vez, se organizaban bailes para la gente del barrio. El club se convirtió en un lugar reconocido por el baile porque venían bailarines importantes y tocaban orquestas como las de D´Arienzo, Di Sarli, Alberto Castillo, Goyeneche. Las orquestas más importantes tocaban acá. 

CU: Se convirtió en un lugar de reunión con el tiempo.

TC: La fiestas y reuniones eran la actividad principal del club. A su vez, el club participaba en la Liga de Fútbol Metropolitana y en la Liga de Básquet. A partir de los años ´70 y ´80, las actividades fueron declinando. El tango pasó de moda como música popular, se siguieron haciendo bailes, pero ya no tenían la envergadura de antes. Vino otra música y eso modificó las expectativas de la gente. Más tarde, la actividad social del club decayó totalmente y entre los ´90 y el 2000 el club estuvo prácticamente cerrado. No había casi actividades, ni el club era un espacio abierto al barrio.

CU: ¿Cómo hicieron para levantar el club?

TC: El club se fue quedando sin gente y pudo haber sido vendido en su momento. A partir del 2000 hubo un cambio radical, vinieron nuevas gestiones que se hicieron cargo del club, que empezaron a organizar otro tipo de cosas, se pudieron hacer muchas actividades culturales, bailes, ya con música popular. A partir del 2010, todo lo que era tarifas se hizo más accesible. Eso era un tema porque las tarifas y los sueldos iban endeudando a los clubes. A partir del 2005 en adelante, hubo una época de oro porque el club tenía una habilitación para que tocaran bandas en vivo, así que se empezaron a organizar peñas folclóricas, venían bandas de rock, blues y tango. De lunes a domingo, prácticamente, había actividad musical con bastante público. Todos los días más de mil personas.

CU: ¿Con qué actividades cuentan actualmente?

TC: En general, por el club pasan entre 1000 y 1200 personas. Porque tenemos una escuelita de fútbol, tela, trapecio, bungee, tenemos un centro de jubilados, gimnasia, yoga. Además, hay actividades que organizamos como ciclos de conferencias, presentaciones de libros, alquilamos el lugar para fiestas, reuniones, fiestas familiares, cumpleaños, eventos. Pero también, durante el día, desde hace más o menos doce años, tenemos varias actividades con gestión compartida con el Gobierno de la Ciudad. Una es el Programa Adolescencia, que oscila entre 300 y 500 chicos y chicas que vienen a distintos talleres de música, futbol, handball, vóley, maquillaje, guitarra, canto, inglés, ajedrez. En este club hay entre 14 y 15 talleres. Otra actividad es Jornada Extendida, donde alumnos de primarias y secundarias vienen a la mañana a hacer actividades organizadas y dirigidas por ellos. Nosotros lo único que hacemos es ceder el espacio.

CU: ¿Qué proyectos tienen a futuro?

TC: Hace dos años modificamos el estatuto e incorporamos la cuestión de la educación formal e informal, terciaria y universitaria porque nuestra idea es introducir al club en actividades mirando lo que va a pasar en argentina y en el mundo en los próximos años. Cuestiones como la educación, el medio ambiente y actividades de divulgación científica van a ser muy demandadas. Estamos construyendo aulas con la idea de dar cursos, talleres e iniciar actividades terciarias orientadas a la Ley de Educación Ambiental y ver si podemos organizar una carrera de divulgación científica porque Argentina está muy avanzada en temas de tecnología, energía nuclear, biotecnologías, y todo eso requiere divulgación científica. Sin dejar de ser un club, queremos que la siguiente etapa sea la de, primero, convertirse en un instituto terciario y, más adelante, en una universidad. Es el proyecto que estamos encarando, vinculados a otras organizaciones y fundaciones que nos acompañan en la idea que queremos desarrollar. Creemos que vamos a poder seguir creciendo.

Foto: Juan Bertrán.

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