Historia, valor simbólico y puesta en valor.

El Parque del Centenario es uno de los pulmones verdes más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Diseñado por el paisajista francés Carlos Thays e inaugurado por etapas entre 1909 y 1920, su origen remite directamente a las celebraciones por los cien años de la Revolución de Mayo. Desde entonces, fue escenario de transformaciones urbanas, actos patrios, celebraciones vecinales y memorias compartidas. Entre sus hitos patrimoniales más reconocibles, el mástil inaugurado el 8 de diciembre de 1937 ocupa un lugar central tanto física como simbólicamente.
Recientemente, la Comuna 6 en conjunto con el MOA (Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad) iniciaron una esperada puesta en valor del mástil, largamente reclamada por los vecinos del barrio de Caballito. La restauración incluye tareas minuciosas que van desde la reparación de molduras, mayólicas y escalinatas, hasta la reconstrucción de relieves escultóricos y la remoción de manchas de sarro acumuladas por el paso del tiempo. La obra cuenta con la participación del artista plástico Eduardo Noé, reconocido por su labor en espacios públicos de todo el país.
El mástil del Parque Centenario no es simplemente una estructura para izar la bandera: se trata de un monumento cargado de sentido. Su base está revestida con mayólicas elaboradas por el Taller de la Escuela Divino Rostro y presenta en sus cuatro caras escenas de profunda carga simbólica. En el frente, una escena de la Jura de la Bandera acompañada por la frase: “Salve, Bandera de la Patria; hija de la libertad y madre suya”. A la izquierda, la imagen del General San Martín; a la derecha, la de Manuel Belgrano; y en la parte trasera, el Escudo Nacional. Esta iconografía lo convierte en un espacio de transmisión de valores patrióticos que, hasta el día de hoy, sigue siendo elegido por las escuelas del barrio para ceremonias como la Promesa de Lealtad a la Bandera.
El deterioro que sufrió con el tiempo —producto tanto de la falta de mantenimiento como de actos vandálicos— afectó no solo su aspecto estético, sino también el valor simbólico que representa para generaciones de vecinos. De allí la importancia de esta restauración, que busca recuperar no solo su estructura, sino también la memoria colectiva que encarna.
La historia del parque ayuda a entender por qué esta intervención resulta tan significativa. Pensado desde sus orígenes como un espacio conmemorativo, su diseño circular —según algunos estudiosos inspirado en el escudo nacional— está rodeado de bulevares que simulan los laureles patrios. Con el tiempo, el parque sumó obras como el lago artificial, los caniles, el skatepark y el anfiteatro Eva Perón (construido originalmente en 1931 y reconstruido en 2009), que lo convirtieron en un punto de encuentro para vecinos, artistas y deportistas. Fue también en 2012 cuando la Legislatura porteña lo reconoció como Jardín Histórico, un estatus que garantiza su protección legal.
Hoy, a más de ochenta años de su inauguración, el mástil vuelve a ser protagonista de una historia que conjuga pasado y presente. Su restauración no solo pone en valor una obra arquitectónica y artística, sino que también renueva el vínculo de la comunidad con este símbolo de identidad barrial y nacional. En tiempos donde la puesta en valor del espacio público adquiere nuevos sentidos, recuperar el mástil del Parque Centenario es, también, una forma de honrar la memoria y proyectar futuro.
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