En Rojas y las vías, al lado de la estación de Caballito, la Subcomisión de Derechos Humanos y Acción Social brindó un plato de comida, bebida, café y facturas a más de 200 personas en situación de calle.

Charlamos con Mariano Mignosi, integrante de la Subcomisión de Derechos Humanos y de Acción Social del Club Ferrocarril Oeste.

Caballito Urbano: ¿De qué se trata esta movida solidaria? 

Mariano Mignosi: Venimos de hace rato haciéndolo. Desde la pandemia fue la primera vez que hicimos una olla. Lo que pasa que después, estos últimos dos años más o menos creció muchísimo. Antes, repartíamos 60, 70 porciones, que nos parecía mucho, y hoy en día son más de 200, llegando a 300. A diferencia de otras ollas que salen toda la semana, decidimos salir los últimos miércoles de cada mes. Damos comida, bebida y café.

Y el miércoles anterior, en invierno, damos ropa de abrigo, también con agua caliente, etcétera. Claro. ¿Por qué decidimos salir así?, porque la mayoría de la demanda que teníamos en la calle era que las otras ollas vienen recontra super bien y están súper agradecidos con todas las organizaciones que les alcanzan un plato de comida, pero les faltaba proteína, o sea, no contaba de carne ni pollo, etc. Nosotros dijimos, vamos a poner todo el esfuerzo para salir con todo. 

CU: ¿Cómo solventan los gastos? 

MM: Nosotros tenemos una cuota que pagamos nosotros, los de la subcomisión, que cada vez somos más, que vamos creciendo. Toda la gente del club es la movida y trata de acercarse y colaborar. Después tenemos los comerciantes del barrio y algunos que no son del barrio. Hay una carnicería de Boedo que dona también el pollo. Después, tenemos carnicerías del barrio que donan la carne, otros que donan las bandejas. Y con la gente del club, hacemos movidas en el barrio también cuando necesitamos aceite, condimento, y tratamos de estar durante esa semana en un horario en puerta 6, y ahí tenemos un canasto gigante que vamos dejando la donación y después la guardamos en un cuartito.

Cocinamos todo nosotros. Llegamos, resolvemos a ver qué menú vamos a hacer. De ahí trasladamos todo hacia la cocina del jardín. En algún momento también hemos usado la cocina de la pensión, cuando no están los chicos, para no molestar. De ahí cocinamos todes y salimos a Rojas y las vías.

Por un lado, está esta gente que está en la calle, pero, por otro lado, es muy importante, y a mí me impresionó, la gente, la contrapartida, que sería la gente solidaria. Damos 300 porciones y a veces más, y no solamente tenemos gente que vino a buscar la comida en situación de calle, sino que también muchos viejitos, muchas viejitas, muchos jubilados. Algunos se llevan 2 bandejitas. Mismo la gente que se va a tomar el tren, que vino a laburar a capital durante todo el día, y dice: me llevo para comer la comida calentita. 

CU: Me imagino que con la vorágine del día a día, con esto que se ha hecho una práctica recurrente, la solidaridad que está buenísimo, ¿Qué te queda a vos como alguna imagen que nos quieras traer, algún momento? ¿Qué es lo que te conmueve y qué es lo que te lleva a dar una mano? 

MM: Desde muy chico, uno lleva en la carga de la espalda una historia, por más que después hayas avanzado y hayas logrado algunas cosas, no las perdés. Cuando verdaderamente la pasaste o te tocó de cerca, esas cosas no te las olvidás. Entonces, a nosotros nos mueve, a todos, el empatizar con ese que te viene con las zapatillas rotas, con los dedos afuera. En una noche de mucho frío, empatizar con aquel que le ves con la desesperación de la primera bandeja, porque algunas repiten, pero cuando comen la bandeja con la desesperación es porque no han comido nada en todo el día. Todo esto, a vos te genera poder ver la sonrisa ajena. Por otro lado, la satisfacción es que no conocen los nombres. Y cuando llegamos es, ¡Alex, o che, Pablito, gracias por la comida, estaba riquísima. ¡Che, te pasaste con el menú!.

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