La Virgen de Chiquinquirá, símbolo de esperanza para la comunidad venezolana en Buenos Aires.

Por quinta vez consecutiva, la celebración en honor a la Virgen de Chiquinquirá reúne a miles de migrantes en la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, convertida en un verdadero santuario del reencuentro y la identidad.
Hace más de cinco años, una réplica de la Virgen de Chiquinquirá —popularmente conocida como la Chinita— fue entronizada en la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, en el barrio porteño de Caballito, frente al Parque Rivadavia. Desde entonces, el templo se ha transformado en un punto de referencia espiritual y cultural para la creciente comunidad venezolana en Buenos Aires. Cada 18 de noviembre, como en Maracaibo, la devoción se hace fiesta: se canta, se reza y se baila en honor a la patrona del estado Zulia.
Este año, la festividad vino cargada de emociones y novedades. Organizada por la ONG Baires de Libertad, la quinta edición de la Feria de la Chinita logró consolidarse como uno de los eventos más convocantes de la colectividad venezolana en la ciudad. El gobierno porteño declaró a la Virgen de Chiquinquirá como patrimonio cultural de la ciudad de Buenos Aires, reconociendo no solo su valor religioso, sino también su poder de congregar y sostener el tejido comunitario migrante. Como parte del homenaje, una sección de la avenida Rivadavia fue cerrada para dar paso a una colorida y multitudinaria procesión.
Se celebró una misa a cargo del padre Eusebio Hernández, capellán de la comunidad venezolana en Argentina. Luego, la imagen de la Virgen fue sacada en procesión desde la parroquia hasta un gran escenario montado sobre la avenida, donde se desarrollaron presentaciones musicales durante todo el día. Como cada año, el sonido de las gaitas —el género musical emblemático del Zulia— fue protagonista, evocando la Navidad marabina en pleno corazón porteño.
Una de las grandes novedades de esta edición fue la entrega del Galardón Chiquinquireño, un premio otorgado por el aplauso del público a las agrupaciones gaiteras más destacadas que hacen vida en Argentina. Una manera simbólica y emotiva de reconocer el esfuerzo de quienes mantienen vivas las tradiciones lejos de su tierra natal.
El cierre del evento estuvo a cargo de la agrupación Migración Gaitera, que despidió a la Virgen entre cantos, oraciones y la bendición del padre Eusebio. En la conducción del evento participaron Rosedalys Contreras y Dino Rampini durante la primera parte del día, mientras que Eliécer Cisneros, Jesús “Chuy” Pérez y Sofía Nunes animaron hasta el final de la jornada. Entre los invitados especiales se destacaron Federico Ballán, presidente de la Comuna 6, y Clara Muzzio, vicejefa de gobierno electa, quienes manifestaron su apoyo a la comunidad venezolana.
La imagen de la Virgen que hoy preside el altar de Caacupé fue entronizada en diciembre de 2019. Se trata de una réplica traída desde Maracaibo y enmarcada en un artístico marco de bronce, obra del sacerdote orfebre Juan Cruz Padilla. Desde entonces, la Chinita ha sido testigo del dolor del desarraigo y también de la resiliencia de una comunidad que, en medio de la distancia, ha logrado reconstruir la esperanza.
A pesar de que la celebración de 2020 se vio restringida por la pandemia, la tradición se mantuvo viva en los hogares y redes sociales. Hoy, con la normalidad recuperada, el fervor se desborda en las calles. Dos enormes banderas venezolanas, flores, estampitas y el sonido inconfundible de las gaitas tejieron un ambiente de nostalgia y alegría compartida.
“Nos hemos reunido un año más, en este 18, bajo la dulce mirada de la Chinita”, pronunció el padre Eusebio durante su homilía, ante un templo colmado de fieles. “María tiene en su regazo el mayor regalo de Dios para cada uno de nosotros: el Niño Dios”, dijo, en referencia a la cercana Navidad. “Celebrar a María es celebrar la esperanza. Dios tiene, sobre el mal, el pecado y el egoísmo, la última palabra”.
Así, entre lágrimas, gaitas y oraciones, la Chinita se despide por este año, pero se queda en el corazón de quienes la siguen desde lejos, como un faro de fe y pertenencia en tierras ajenas.
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