Después de más de cuatro décadas, el local de antigüedades más querido de Caballito baja su persiana. Sus dueños, Irene y Eladio, liquidan todo con nostalgia y gratitud.

Ubicado sobre la calle Rojas al 100, “Bagatela” es desde 1980 un refugio de objetos con historia. Allí, entre estantes repletos y vitrinas desbordadas, Eladio e Irene pasaron casi la mitad de su vida atendiendo a vecinos, curiosos y coleccionistas. Ahora, tras más de 40 años, anuncian su cierre definitivo.
«Bagatela» fue el nombre que eligieron para bautizar este espacio que comenzó como un “compra y venta” clásico, como los de antes. Irene heredó el oficio: su familia ya tenía un local en Flores hace casi un siglo. De aquellos días recuerda los trajes y guitarras que los artistas del interior compraban antes de ir a cantar a las radios. Eladio, en cambio, reconoce que es un acumulador empedernido: “Si fuera por mí, me quedaría con todo”, admite. Pero los tiempos cambiaron.
Sobre el mostrador, entre fotos antiguas, carteles y stickers, hay un poema de Pablo Neruda que parece resumir el espíritu del lugar: “Amo las cosas locas, locamente. Amo todas las cosas porque todo tiene en el mango, en el contorno, las huellas de unos dedos, de una remota mano, perdido en lo más olvidado del olvido”. Para Irene y Eladio, cada objeto encierra una historia, una presencia que alguna vez lo usó, lo cuidó, lo dejó ir. Ese vínculo invisible con el pasado es lo que hace que a Bagatela no se la pueda reducir simplemente a un negocio.
A pesar de que el local está repleto de objetos, los números ya no cierran. “Un negocio así tiene que mantener a sus dueños, no al revés”, reflexiona Irene. Entre la necesidad de descanso, la preocupación por el futuro económico y la caída en las ventas, decidieron que era momento de dejar ir. Desde hace unas semanas, colgaron un cartel que dice “Liquidación total por cierre”, y cada día que pasa, los pasillos del local se llenan de gente que va a ver si encuentra un tesoro.
Aunque no definieron una fecha exacta de cierre, saben que ese día se acerca. Cuando se terminen de vender los artículos suficientes cerrarán las puertas. Y con ellas, una etapa de la vida del barrio. Eladio cuenta que “Bagatela” es aquello que uno compra barato y que vale más de lo que pagó. Así, también, parece ser el valor simbólico de este negocio: un espacio barrial que ofrecía no solo antigüedades, sino la posibilidad de revivir la historia a través de los objetos.
La invitación a los vecinos que quieran visitar el negocio continúa abierta. Mientras sea posible, Bagatela seguirá ofreciendo ese gesto tan poco frecuente: la posibilidad de reencontrarse con el pasado en un local de barrio.
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